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  • Accede a una completa batería de pruebas cognitivas para evaluar el tiempo de respuesta

  • Identifica y evalúa la presencia de alteraciones o déficits

  • Instrumentos validados para mejorar o rehabilitar el tiempo de reacción y otras habilidades cognitivas

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¿Qué es el tiempo de reacción o tiempo de respuesta?

El tiempo de respuesta o tiempo de reacción hace referencia a la cantidad de tiempo que transcurre desde que percibimos algo hasta que damos una respuesta en consecuencia. Por tanto, es la capacidad de detectar, procesar y dar respuesta a un estímulo.

El tiempo de respuesta depende de varios factores:

  • Percepción: Ver, oír o sentir el estímulo con seguridad es esencial para tener un buen tiempo de reacción. En una carrera de atletismo, cuando el juez da el pistoletazo de salida, el sonido llega a los oídos de los atletas (perciben el estímulo).
  • Procesamiento: Es necesario centrarse y entender bien la información para un adecuado tiempo de reacción. Siguiendo el ejemplo anterior, los corredores, al percibir la señal de salida, la distinguen del ruido ambiente y entienden que pueden empezar a correr (procesan el estímulo).
  • Respuesta: La agilidad motora es necesaria para actuar ante el estímulo y tener un buen tiempo de respuesta. Cuando los atletas han percibido y procesado correctamente la señal, empiezan a mover las piernas (dan respuesta al estímulo).

Si alguno de estos procesos se ve alterado, el tiempo de respuesta se verá afectado en consecuencia. Es decir, si un atleta tuviese un mal tiempo de respuesta, estaría en desventaja con el resto de los competidores. Además, el tiempo de respuesta incluye necesariamente un componente motor, a diferencia de la velocidad de procesamiento. Es por esto que tener un buen tiempo de reacción se identifica con tener buenos reflejos.

En el ejemplo, la cadena de procesos (percibir, procesar y responder) se lleva a cabo en cuestión de milisegundos, pero el tiempo de respuesta puede variar dependiendo de diferentes factores:

  • Complejidad del estímulo: Cuanto más complejo sea, más cantidad de información habrá que procesar, por lo que habrá que emplear más tiempo en ello.
  • Familiaridad, preparación y expectativas: Si hay que responder a estímulos conocidos y a los que ya has dado respuesta anteriormente, el tiempo dedicado a procesar la información es menor. Cuanto menos información nueva haya que procesar, más rápida será nuestra respuesta. Si, como en el ejemplo de atletismo, esperas la aparición del estímulo (los atletas saben que van a dar la señal), el tiempo de reacción será aún menor.
  • Estado del organismo: Algunos factores que pueden afectar negativamente al tiempo de respuesta son la fatiga, la atención (estar adormilado), una alta temperatura, la edad avanzada o, incluso, el consumo de comidas copiosas o de sustancias como el alcohol u otras drogas. Pueden afectar negativamente tanto a la detección del estímulo, como a su procesamiento, como a la respuesta.
  • Modalidad sensorial estimulada: El tiempo de respuesta es menor cuando el estímulo que desencadena la respuesta es auditivo que cuando es visual, ya que los estímulos auditivos requieren un procesamiento menor. Cada modalidad sensorial conlleva un tiempo de respuesta distinto.

Además de los factores explicados, el tipo de estímulo que procesemos también afectará a nuestro tiempo de respuesta:

  • Simple: hay una única respuesta a un único estímulo. Por ejemplo, pulsar la barra espaciadora cuando aparezca en la pantalla del ordenador cualquier palabra.
  • De elección: hay distintas respuestas a distintos estímulos. Por ejemplo, pulsar la flecha izquierda del teclado si aparece una palabra en inglés y pulsar la flecha derecha del teclado si aparece una palabra en castellano.
  • De selección: hay distintos estímulos, pero sólo tenemos que responder a uno de ellos. Por ejemplo, pulsar la barra espaciadora sólo cuando aparezca una palabra en castellano. Si aparece en inglés, no tocamos ninguna tecla.

¿Por qué es tan importante el tiempo de reacción y cómo afecta a nuestra vida? Un buen tiempo de respuesta nos permite ser ágiles y eficientes a la hora de responder ante estímulos y situaciones. En una conversación, durante la conducción, en un deporte… Un tiempo de respuesta adecuado nos reporta beneficios, pero es necesario que procesemos correctamente la información: Si nos hacen una pregunta en una entrevista, lo que se espera es que respondamos rápido y bien. Con otros ejemplos, como imprevistos en el coche o un buen desempeño en un deporte, ocurre del mismo modo: ni vale solo con hacerlo rápido, ni vale con hacerlo bien; tiene que hacerse de ambas formas al mismo tiempo. Afortunadamente, el tiempo de respuesta es algo que se puede entrenar y mejorar.

Ejemplos de tiempo de respuesta

  • Si estamos conduciendo con el coche y de repente se nos cruza un peatón, el tiempo que transcurre desde que percibimos al peatón, decidimos que tenemos que pisar el freno y llevamos a cabo la acción, sería el tiempo de reacción. Esta habilidad cognitiva puede salvarnos de muchos accidentes.
  • En un combate de boxeo o en un partido de fútbol es esencial detectar los movimientos del rival, saber qué pretende hacer y reaccionar de la manera más rápida y precisa posible. Un buen tiempo de respuesta va a ser clave para el resultado que se obtenga.
  • Estás en un edificio y de repente detectas fuego. El tiempo de respuesta sería lo que tardarías en ir a por el extintor más cercano, una vez detectado el fuego.
  • Un niño está en clase de educación física y tiene que echar a correr en cuanto el profesor dé la señal. El tiempo que tarda en empezar a correr desde que el profesor da la señal sería el tiempo de respuesta.
  • Cuando un vigilante detecta una actividad sospechosa, el tiempo que tarda en reaccionar puede ser crucial para el éxito de su intervención. Si detecta, por ejemplo, un robo, el tiempo de reacción haría referencia al tiempo que transcurre desde que percibe el robo, hasta que inicia la persecución.

Patologías y trastornos asociados al tiempo de respuesta

Cualquier tipo de trastorno que conlleve problemas de percepción, procesamiento de la información o motores, va a afectar al tiempo de reacción. Es por esto que el tiempo de respuesta es una habilidad cognitiva muy sensible a las alteraciones. Por ejemplo, problemas de visión o auditivos, como cegueras o sorderas, puede desembocar en problemas de tiempo de reacción por la afectación de la percepción. Las personas con bradipsiquia o demencias como la enfermedad de Alzheimer, pueden tener una velocidad de procesamiento reducida, provocando un tiempo de reacción más demorado. En cambio, personas impulsivas o con TDAH también pueden tener afectado el procesamiento y, por tanto el tiempo de respuesta. Con respecto al momento de ejecutar la respuesta, las personas con acinesia o bradicinesia (como en los pacientes con la enfermedad de Parkinson), o problemas motores como la hemiparesia u otras parálisis, también pueden tener problemas a la hora de dar una respuesta motora. En general, en cualquier enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer, el Parkinson, la esclerosis múltiple o la corea de Huntington, va a haber una afectación del tiempo de reacción por el daño cerebral derivado de la enfermedad. Finalmente, los problemas cerebrales derivados de traumatismos craneoencefálicos o de ictus también pueden afectar a cualquiera de estos tres procesos, con consecuencias en el tiempo de respuesta.

Cabe destacar que uno de los trastornos que más puede afectar a la velocidad con la que procesamos la información es el daño axonal difuso (DAD). Habitualmente, cuando nuestro cerebro sufre una contusión (puede venir dado por un golpe en la cabeza o por un frenazo con el coche, por ejemplo), sus conexiones pueden verse dañadas. El movimiento que se produce en el cerebro tiene como consecuencia la rotura o torsión de los axones (una parte de la neurona que le permite contactar con otras neuronas, la sustancia blanca del cerebro). Este daño en los axones no se produce en un área concreta del cerebro, sino que se dañan los axones a lo largo del todo el cerebro, produciendo un daño difuso. Esto se traduce en un enlentecimiento del procesamiento y, por tanto, en un tiempo de respuesta más lento. Desafortunadamente es bastante común y suele implicar un mal pronóstico.

Por otro lado, el tiempo de reacción no sólo puede verse alterado por daño cerebral, sino que hay diversas circunstancias del día a día que pueden bajar la calidad de esta habilidad cognitiva. El sueño, el estado de ánimo, la ansiedad o, en general, la falta de atención, pueden alterar los tiempos de reacción. A diferencia del resto de factores, recuperarse de estas circunstancias es mucho más fácil y rápido.

¿Cómo medir y evaluar el tiempo de respuesta?

El tiempo de respuesta está presente en la mayoría de las actividades de nuestro día a día. Que podamos interactuar correctamente con nuestro entorno y reaccionar ante los imprevistos que nos rodean depende directamente de nuestro tiempo de respuesta. De este modo, evaluar nuestro tiempo de reacción y conocer su estado puede ser de gran ayuda en diferentes ámbitos de la vida: en ámbitos escolares (nos permitirá saber si un niño tiene problemas en la percepción, en el procesamiento o problemas motores, con las dificultades académicas que ello implica), en ámbitos médicos (para detectar problemas leves en pacientes en ámbitos perceptivos, de procesamiento o motores) o en ámbitos profesionales (haciendo posible saber qué trabajadores están mejor preparados para ciertas actividades que implique actuar rápidamente ante ciertas circunstancias).

Los test que ofrece CogniFit para medir el tiempo de reacción están basados en los clásicos test NEPSY, Variables of Attention (TOVA), test de ejecución continua (CPT), Test of Memory Malingering (TOMM) y en la Visual Organisation Task (VOT). Además de medir tiempo de respuesta, también miden memoria de trabajo, escaneo visual, coordinación ojo-mano, inhibición, actualización, denominación, percepción visual, memoria contextual, reconocimiento, enfoque y percepción espacial.

  • Test de Indagación REST-COM: Aparecen objetos durante poco tiempo. Después se debe seleccionar la palabra que corresponda con las imágenes presentadas, lo más rápidamente posible.
  • Test de Decodificación VIPER-NAM: Aparecen imágenes de objetos en la pantalla durante un periodo corto de tiempo y desaparece. Acto seguido aparecen cuatro letras, y sólo una corresponderá con la primera letra del nombre del objeto, siendo esa la letra objetivo. Hay que llevarlo a cabo tan rápido como sea posible.
  • Test de Reconocimiento WOM-REST: Aparecen tres objetos comunes en la pantalla. Primero habrá que recordar el orden de presentación de los tres objetos tan rápido como sea posible. Posteriormente, aparecerán cuatro series de tres objetos diferentes a los presentados y habrá que detectar la secuencia inicial.
  • Test de Resolución REST-SPER: Aparecen en la pantalla numerosos estímulos en movimiento. Habrá que pinchar en los estímulos objetivo tan rápido como sea posible, pero evitando pinchar en los estímulos intrusos.
  • Test de Celeridad REST-HECOOR: Aparece en la pantalla un cuadrado azul. Habrá que pulsar tan rápido como sea posible el botón situándose dentro del cuadrado. Cuantos más veces se pulse el botón en el tiempo disponible, mejor resultado se obtendrá.
  • Test de Procesado REST-INH: En esta tarea, irán apareciendo en la pantalla dos bloques con números y formas diferentes. Inicialmente habrá que atender al tamaño de la forma e indicar el más alto. Después, habrá que atender bloque que contenga la numeración más alta.

¿Cómo rehabilitar o mejorar el tiempo de respuesta?

El tiempo de respuesta puede ser entrenado y mejorado, al igual que las demás habilidades cognitivas. En CogniFit ofrecemos la posibilidad de hacerlo de manera profesional. La rehabilitación del tiempo de respuesta se basa en la plasticidad cerebral. CogniFit ofrece una batería de ejercicios clínicos diseñados para rehabilitar los problemas en el tiempo de respuesta y otras funciones cognitivas. El cerebro y sus conexiones neuronales se fortalecen al usar las funciones que dependen de éstos. Por tanto, si entrenamos frecuentemente el tiempo de respuesta, las conexiones cerebrales de las estructuras implicadas se fortalecerán. Así, cuando necesitemos hacer uso de nuestro tiempo de reacción, las conexiones serán más rápidas y eficientes, mejorando nuestra capacidad.

El equipo de CogniFit está formado por un completo equipo de profesionales especializados en el estudio de la plasticidad sináptica y procesos de neurogénesis. Esto ha permitido la creación un programa de estimulación cognitiva personalizado para las necesidades de cada usuario. Este programa da comienzo por una precisa evaluación del tiempo de respuesta y otras funciones cognitivas fundamentales. En base a los resultados de la evaluación, el programa de estimulación cognitiva de CogniFit ofrece de forma automatizada un entrenamiento cognitivo personalizado para fortalecer el tiempo de respuesta y otras funciones cognitivas que se consideren necesarias según la evaluación.

La constancia y un entrenamiento adecuado son imprescindibles para mejorar el tiempo de respuesta. CogniFit dispone de herramientas de evaluación y de rehabilitación para optimizar esta función cognitiva. Para una correcta estimulación son necesarios 15 minutos al día, dos o tres días a la semana.

Se puede acceder al programa de estimulación cognitiva de CogniFit mediante internet. Hay gran variedad de actividades interactivas, en forma de divertidos juegos mentales, que pueden realizarse mediante ordenador. Al finalizar cada sesión, CogniFit mostrará un detallado gráfico con el avance del estado cognitivo.

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